jueves, 18 de junio de 2015

La vie est verte


Caminaba por la calle respirando aquel aire que tiene olor a alegría, a otoño, a domingo de 1995, pateaba las hojas secas y pensaba como era posible que me sintiera tan feliz cuando caminaba por la calle. El sol tibio, las hojas en el suelo, la brisa con perfume a invierno, esas pequeñas cosas me hacían sentir feliz. 
Un momento... ¿Pequeñas?
La naturaleza no es pequeña, y en 1890 a alguien se le ocurrió construir una ciudad y llamarla La Plata, plantar ocho árboles de hojas que no eran perennes por cuadra y ubicar una universidad en la triple frontera platense. Después a alguien se le ocurrió que esa universidad fuera la de ciencias naturales, a la que cientos de personas por día entraban y salían con ideas nuevas. A su vez, yo me estaba gestando en la panza de mi mamá, quien con mucho sufrimiento y esfuerzo me paseó dentro de su cuerpo hasta que yo saliera de ahí. Años más tarde aprendí a caminar, que no porque todos sepamos hacerlo hay que menospreciar el logro... Luego vino la escuela primaria, después la secundaria y el día en que se me ocurrió que quería estudiar lo que estudio. Acto seguido empecé la facultad, la dejé, la volví a empezar y en el segundo año estaba sola, no conocía a nadie. "¿Puedo sentarme con ustedes?" le dije a una chica, y ella me dijo que si, y ella después fue mi mejor amiga. Mientras eso ocurría un arquitecto estaba diseñando un edificio cerca de mi facultad. Y tras cuatro años de amistad con mi compañera de cursada decidimos alquilar un departamento y vivir juntas, queríamos un departamento relativamente nuevo, que entre el sol y que esté cerca de mi facultad. Y mi amiga se fue de vacaciones y conoció a una chica que venía de Francia y estaba de intercambio y no sabía donde vivir, entonces le dijo que venga con nosotras. Entonces ahora somos tres amigas viviendo juntas, y me peleo y me arreglo porque ellas son las hermanas que siempre quise tener, me divierto mucho mucho con ellas. Y cada vez que me voy de nuestro hogar ellas me dicen ''suerte!'' y yo piso la calle sabiendo que voy a tener mucha suerte. Entonces camino hacia mi facultad respirando aquel aire que tiene olor a alegría, a otoño, a domingo de 1995, pateo las hojas y pienso como es posible que me sienta tan feliz cuando camino por la calle. El sol tibio, las hojas en el suelo, la brisa con perfume a invierno, esas enormes, soñadas e innumerables cosas me hacen sentir feliz

sábado, 30 de mayo de 2015

Bienaventuranza eterna


Hay amigos que saben lo que me gusta y ya que no es muy difícil adivinarlo estoy rodeada de ese tipo de amigos. Una de ellos, cuya profesión es ser auxiliar de vuelo, me llama para preguntarme que haría la semana próxima. -Estoy libre.- Le digo. La realidad es que tengo que cursar, pero algo que vale la pena tener (o vivir) es algo por lo que vale la pena engañar, así que escucho su propuesta. Me gusta. 
Nos vamos. Mi condición de 'sublo' me lleva a estar sujeta a espacio, de todos modos quedaré siempre agradecida hacia aquella persona que gentilmente me ubicó en primera clase. Comienza el avance de la aeronave y veo a mi amiga dando las indicaciones de seguridad de la misma. Inmediatamente se me ocurrió que es muy poco frecuente, por mas cercano que fuera, que un amigo visite el lugar de trabajo del otro, el cual determina la mayor parte de nuestro tiempo semanal, y que constituye gran parte de nuestra vida. 
Llegamos al hotel Sheraton de la ciudad de Córdoba, muy lujoso acostumbrada a los hostels que transité durante el verano. Nos acomodamos, baño de inmersión, fernet, roomservice, y a dormir. Así disfrutamos dos espectaculares días, paseando por pueblos cercanos y visitando lo mas lindo que tiene Córdoba: sus ríos. 
A la vuelta nuevamente me ubican en primera clase. Hipnotizada con las luces de la ciudad desde arriba y con las ricas magdalenas que me sirvieron, mi amiga me llama: -Venì rápido-. Voy. -Pasà- Paso. Me deslumbro, ¡Estaba en la cabina!
Tantas veces soné con pilotear una aeronave, por mas chica y sencilla que fuera, que estar ahí tan cerca de todos esos botones y pantallas me enloquecía. No se que decir, no quiero distraer la atención de los pilotos y aprovecho el silencio para observar todo. Me considero una persona que sabe hacer diversas cosas y no saber como manejar un avión me pone nerviosa. De pronto anuncian el descenso,  el comandante coloca la aeronave en modo manual y en consecuencia suena una alarma que me trajo de un salto desde las nubes donde estaba soñando. A medida que nos acercamos a la pista de aterrizaje se puede apreciar el amanecer de un lado del cielo y del otro las luces de la ciudad que siguen aún prendidas porque el cielo no se ha iluminado todavía. 
-Five hundred- Dice una voz., y la distancia al suelo se hace cada vez mas chica -One hundred.....fifty...thirty..ten.- Aterrizamos.
Los flaps y los slats se levantan como la cola de un pavo real, producen un fuerte ruido a roce porque hacen esa presión contra el viento que nos recuerda que somos humanos y estamos atados a la tierra y a las velocidades moderadas, que al cielo solo podemos espiarlo, porque le pertenece a otros.

 Aterrizaje en el cockpit de un 737

viernes, 24 de abril de 2015

A DARLO TODO by Sabrina Santopinto

A DARLO TODO: los entretelones de la salida de escalada a la Vigilancia
La expectativa crecía y a medida que llegaba la fecha de la salida a “La Vigi” empezaban a ir y venir las cadenas de mails para coordinar detalles, puntos de reunión y cantidad de gente que se prendía a la aventura… Las ganas tremendas se incrementaban hasta que por fin llegó el mail de Ariel con un detalle crucial: “Salimos de la puerta del CABA a las 3.30 de la mañana”. A qué hora? (No se hagan los desentendidos, que más de uno se quiso matar cuando vio la hora! Jajajaj). Las estrategias para no dormirse fueron muchas y de lo más variadas: algunos evitaron acostarse ese día y siguieron de largo, otros durmieron largas siestas creyendo que eso  los ayudaría a compensar las horas de sueño, y tres entusiastas -ya con el arnés puesto- salieron de viaje el día anterior.
Ya en "La Vigi” las cosas se fueron poniendo movidas…
“A darlo todo”, “hoy te convertís en héroe o héroa” fueron las frases repetidas por Ariel para incentivar la moral del grupo. La realidad es que la motivación empezó varias semanas antes, allá por fines de febrero y principios de marzo, cuando cada uno de los chicos del Club transmitió esta idea de que la vida en la naturaleza y el contacto con la piedra y la montaña son, precisamente, una forma de vida. Luego llegaron las cuestiones operativas, los horarios, los autos, el equipo... Pero en la esencia de eso, una linda filosofía: hacer lo que te gusta, disfrutarlo, escalar y ponerle buena onda.
Ese empuje, la coordinación y la obse con los detalles, fueron sin dudas el motor de la salida: “A las nueve puntual”, “no es que quiera sonar repetitivo, pero ya tienen todo listo? Son las 9.03”, y "tiene que volver todo el equipo que subimos", fueron sólo algunas de las frases más escuchadas...
Alrededor de las 9 ya estábamos todos en el refugio de "La Vigi", luego de varias horas de viaje, y después de organizar el equipo en las mochilas y tras una cansadora caminata, a las 10:30 llegamos todos reventados a las primeras paredes para hacer honor a la frase del instructor y “darlo todo!”. Ahí arrancó el baile: “Ahora por dónde voy Martín?”, gritaban los entusiastas proyectos de escalador agarrados con uñas y dientes de la pared… “Seguí para arriba” podía escucharse el aliento -casi- “desconcertante” de Martín. En determinado momento hasta se lo escuchó arrojar fuertes declaraciones: “Agárrate con rabia, pensá en Aníbal Fernández”, gritó para ayudar a una de las chicas a dar ese paso que parecía imposible de alcanzar.
Las horas pasaban, el calor apretaba cada vez más y al grito de “vamos Titán”, Ariel intentaba dar aliento a algún valiente que seguía subiendo mientras el resto buscaba una sombrita para hacer la siesta después del almuerzo.  Las puteadas limpias y claritas completaban el marco perfecto para la escena cada vez que alguien alcanzaba un objetivo. Y eran más fuertes aún cuando alguien no lo alcanzaba.
Calladito y sin apuro, casi pasando desapercibido, Lucas se calzó las topper y arrancó a subir de manera pausada, y cuando te querías acordar, el tipo ya había equipado las vías más complicadas; uno de los claros merecedores del “piolín de oro”.
Algunos momentos memorables del finde no pueden dejar de ser mencionados: Cristian haciendo despliegue de su gran técnica escalando en ojotas ante la mirada atónita de quienes pensábamos “yo me quedé pegado a la primera chapa y el pibe sube en OJOTAS”;  el Mono en una pelea a pura garra para vencer a ese techo tremendo al que varios le dedicamos un par de improperios; el sentido de oportunidad de Andrés con esos mates salvadores en el momento preciso; el dúo dinámico de José y Santiago metiéndole garra a la piedra.
Llegaba la tarde, aparecía el cansancio y la cosa se empezaba a poner monotemática: “El asado que nos vamos a clavar esta noche… con vino, birra y fernet”; y ahí  el ánimo del equipo de escalada revivía, pero esta vez para bajar a toda marcha y reunirse en torno a la parrilla. Y ahí llegó el momento estelar de Chambri, el “asador asignado”.
Kilos y kilos de carne puestos a la parrilla, lo llevaron a Matías a repetir incansablemente –inclusive hasta en el viaje de regreso- “gracias Chambri por el asado, te debo la vida”.
La crónica nocturna la completan imágenes imposibles de borrar como Ariel con su frondoza barba tomando fernet de la base un botellón de agua que se convirtió en la jarra comunitaria del grupo; Matías entonando canciones melódicas de cantautores que por benevolencia (cosa rara en un periodista) no voy a mencionar; Tomás hablando de las “tetitas de las ballenas que amamantan” (esa me la perdí, lo juro, pero quiero pensar que fue en medio de un momento de alcohol); Berenice intentando no escuchar ciertas charlas escatológicas;  Lucas aferrándose a su carpa que casi era arrastrada por el viento en la mitad de la noche o Quetu saliendo a estaquearla para que no se le volara… Mientras tanto Martín optaba por vivaquear en su bolsa de dormir para no escuchar los ronquidos de algún sujeto que habitaba en el domo.
La jarra loca se recargó varias veces (algunos decían que estaba pinchada), los vinos se iban terminando y Miriam hacía duras declaraciones diciendo que su vaso era el que estaba pinchado… las cervezas bajaban rapidísimo (inclusive la que pagó el Mono por haber usado la famosa técnica de  “la rodilla escaladora”)  y los titanes de la roca se iban retirando a dormir con la panza repleta.
Al otro día las promesas de la escalada estaban literalmente “fisuradas”. Fuentes cercanas a los instructores del Caba, advierten que algunos tuvieron intenciones de armar nuevas rondas de Fernet, pero no precisaron a este medio si el plan pudo materializarse.
Lo cierto es que el segundo día de escalada empezó con algunos resultados pobres: el Mono, Chambri y Santo hicieron circular rumores de que abrirían el CAABA (Club Andino de ASEGURADORES de Buenos Aires) a causa de sus grandes dotes como aseguradores (o de sus pobres desempeños trepando ese día); algunos –según se lo podía escuchar a Cristian- estaban haciendo un curso de trepada de árboles; Flor se aferraba a la roca tratando de sacar el siguiente paso para seguir subiendo al grito de “no, no me bajes”;  otros nos comprábamos un pedazo de pared de la sierra intentando entender la teoría del “factor de caída”, mientras Helena registraba con su cámara el minuto a minuto de las caras de pánico de los escaladores que pedían a los gritos “tensión” … Mientras tanto, Lucas, calladito, se iba a equipar una vía de titanes agradeciendo sus nuevas fuerzas a un Ibupirac que se había tomado… media hora después, Flor seguía empecinada en sacar ese paso, mientras Agus la alentaba intensamente desde abajo.
El fin de semana de “Titanes” fue un lujo donde DARLO TODO y escalar eran las consignas, pero no faltaron las risas, el asado y la buena compañía. Se vienen, sin dudas, muchas salidas más. Nos vemos en “la pale”.










martes, 7 de abril de 2015

El precio de los niños

Un compañero de trabajo me comentó hace seis meses atrás que en Abril de este año su hija iba a festejar el cumpleaños de quince y estaba muy preocupado al no saber organizarlo. Pensé inmediatamente en que podía colaborar y se me ocurrió hacer lucir mis escasos dotes de decoradora, entonces le dije 'Yo te hago la decoración'.
Ni bien lo dije supe que había cosas que definitivamente no sabia como hacer; las fundas de las sillas, las telas en el techo, etc. pero seis meses eran suficientes para pensar. Comencé juntando ideas, (con Internet todo es posible) y a comprar de a poco algunos materiales. 
Una semana antes del evento ya tenia todo casi listo; se me había ocurrido hacer unas flores de fiselina ya que comprarlas era muy caro, había visto ideas para ambientar con luces, ya tenia el candybar pensado, pero lo que aun me perturbaba era la idea de las telas en el techo y la suelta de globos. 
3  de Abril y nos entregaron el salón a las 16:00 hs. Yo, enloquecida con que no llegaba a armarlo para el día siguiente comencé por lo que mas me asustaba: el techo. Costó trabajo y tiempo para pensar pero finalmente pude lograrlo, y afortunadamente una amiga sabía del tema mantelería y servicio de catering y ella se encargó de eso. Pase toda la noche del 3 armando los arreglos florales para los centros de mesa. 
4 de Abril; día de la fiesta. Nos entregan el salón nuevamente a las 16:00hs.. ¿Es necesario tan tarde? Apurada comienzo con el armado de todo lo que me faltaba (y eso era mucho). Armo las luces para exterior, coordino parcialmente la ubicación y el color de las del interior, esta quedando todo muy bien con lo poco que había. 
Se hacen las 21:00hs, horario del comienzo del evento. Resulta todo perfecto, el salón pasó de ser un salón estándar a un salón un poco mas que estándar. Las luces quedaron perfectas, el porta velas quedo hermoso, el candybar también, ¡Incluso la suelta de globos!  
Alejando este hecho de una aventura adrenalìnica como las que se imaginan de una persona aventurada, puedo decir nuevamente que fue una experiencia nueva de la que aprendí demasiado, principalmente que se es mucho mas capaz de lo que uno piensa, y que con  confianza y amor todo es posible. 



lunes, 6 de abril de 2015

Seas the day

Considerando mi pasión por el mar, por el aire libre y por las experiencias nuevas, decidí hace un tiempo comenzar a navegar. Afortunadamente me fue muy bien en el intento y aprovechando la desgracia de vivir en una ciudad que linda a un río y no a un mar, mi nueva obsesión fue cruzar a bordo de un yate a vela hacia Colonia, ciudad ubicada del otro lado del río, a 50 km, perteneciente a la República oriental del Uruguay.  
Mi constante fortuna me permitió navegar relativamente seguido ya que entable una relación de lejana amistad con el dueño de uno de los barcos del club, el que siempre me invita en caso de que haya alguna regata.
Y así fue, el gran día llego y me encontré felizmente trimando las velas de un Mastracchio 24.5, participando de la regata 'Calado 1 metro al cero' rumbo a Colonia. El viaje duró siete horas, casi llegando las cuatro de la tarde se comenzaron a ver las costas uruguayas y mi emoción fue indescriptible. Colonia, la única ciudad que me faltaba por conocer de ese hermoso país, y hacerlo a bordo de un velero era realmente un sueño para esta timonel inexperta.
Llegamos a las amarras del club náutico de Colonia contemplando la hipnótica puesta de sol sobre el agua, amarramos el yate y después de tomar un café calentado en la cocina cardanica del barco  y acompañado de unas galletas de arroz con queso untable, me reuní con el resto de mis amigos que viajaban en otros barcos y fuimos a tomar una cerveza y recorrer la ciudad. 
El día finalizo con un asado para las 80 personas que participaban del evento, y luego de las premiaciones y las divertidas anécdotas de los tripulantes, nos alistamos para ir a dormir cada uno en su barco y preparar el retorno para el día próximo.

Ahí entendí para siempre que esto era algo que realmente me apasionaba hacer.  









Todos los cometas son el Haley

Pasada la semana de haber llegado de viaje, una amiga me llamó para pedirme que la ayude con una tarea un domingo a la mañana. Ni bien le respondí que si, pensaba en que la noche anterior tenia un casamiento y realizar esta actividad sin dormir no me parecía una idea muy sustentable.
Llego el día y el lugar. Aun maquillada me encuentro con ella para hacer quien sabe que cosa.
Recibo los instructivos y la tarea se basaba en colaborar repartiendo unas viandas a los militantes del mismo partido político que venían a escuchar el discurso de la presidente. 
Militancia, compañeros, Cristina Kirchner, no eran palabras familiares en mi vocabulario desinteresado políticamente y alejado de toda clase de participación social. De todos modos sabia que mi amiga precisaba de esa ayuda y dejando de lado mi escasa ideología política la ayude y permanecí realizando la tarea durante toda la mañana. 
Volví a mi casa con mucho sueño y entusiasmada, en parte, porque supe que era una actividad que probablemente nunca volveré a hacer a menos que milite en algún partido, y que había sido una experiencia de esas que hacen de uno una persona completamente versátil. Debo confesar que a pesar de no compartir la pasión, sentí en el corazón esa energía que transmite la gente en masa unida por una misma causa, cualquiera que fuese.  



lunes, 16 de marzo de 2015

El último completo

Ya sé lo que quiero comer. 
Sin mayores complejidades me puse mis zapatillas y salí del hostal. Caminé pensando en que no quería irme, 'viajar es regresar..' decía Garcìa Marquez. Llegué al lago, me acerqué hasta el bar porque yo sabía que hoy me iba a comer un completo. La garzona me entrega la carta, gracias ya se lo que quiero. -Un completo italiano + bebida por favor!.- Se demora. Tal vez haya mucha gente, pero no me importa porque mi completo va a ser el mejor. Mientras pienso, qué raro que está el día, y que humeante que está el volcán.. Y llegó! Y estaba más lindo que nunca! Y le puse sal y me acorde de cuando comí el primer completo, en este mismo lugar, y mi amigo se reía porque se me caía la palta y el tomate me ensuciaba la ropa. Y también me acordé de las fotos que me sacaron comiendo completos,  de lo mucho que me costó aprender a comerlos, y ¿Cuàntos habré comido? 
Y le termino de poner sal y lo agarro y pruebo el primer bocado y ¿Cómo puede ser tan rico? Y empiezo a comer y qué difícil es morder el relleno y la vienesa juntos. Y qué rica la mayonesa, ¡Es casera! Y sigo comiendo y comentando lo rico que está, y le cuento todo mi viaje y el completo me escucha hasta que me encuentro cara a cara con el bocado final, y lo miro y él me mira y lo como y lo saboreo como nunca porque yo sabia que ése era mi ultimo completo.