lunes, 6 de abril de 2015

Todos los cometas son el Haley

Pasada la semana de haber llegado de viaje, una amiga me llamó para pedirme que la ayude con una tarea un domingo a la mañana. Ni bien le respondí que si, pensaba en que la noche anterior tenia un casamiento y realizar esta actividad sin dormir no me parecía una idea muy sustentable.
Llego el día y el lugar. Aun maquillada me encuentro con ella para hacer quien sabe que cosa.
Recibo los instructivos y la tarea se basaba en colaborar repartiendo unas viandas a los militantes del mismo partido político que venían a escuchar el discurso de la presidente. 
Militancia, compañeros, Cristina Kirchner, no eran palabras familiares en mi vocabulario desinteresado políticamente y alejado de toda clase de participación social. De todos modos sabia que mi amiga precisaba de esa ayuda y dejando de lado mi escasa ideología política la ayude y permanecí realizando la tarea durante toda la mañana. 
Volví a mi casa con mucho sueño y entusiasmada, en parte, porque supe que era una actividad que probablemente nunca volveré a hacer a menos que milite en algún partido, y que había sido una experiencia de esas que hacen de uno una persona completamente versátil. Debo confesar que a pesar de no compartir la pasión, sentí en el corazón esa energía que transmite la gente en masa unida por una misma causa, cualquiera que fuese.  



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