viernes, 24 de abril de 2015

A DARLO TODO by Sabrina Santopinto

A DARLO TODO: los entretelones de la salida de escalada a la Vigilancia
La expectativa crecía y a medida que llegaba la fecha de la salida a “La Vigi” empezaban a ir y venir las cadenas de mails para coordinar detalles, puntos de reunión y cantidad de gente que se prendía a la aventura… Las ganas tremendas se incrementaban hasta que por fin llegó el mail de Ariel con un detalle crucial: “Salimos de la puerta del CABA a las 3.30 de la mañana”. A qué hora? (No se hagan los desentendidos, que más de uno se quiso matar cuando vio la hora! Jajajaj). Las estrategias para no dormirse fueron muchas y de lo más variadas: algunos evitaron acostarse ese día y siguieron de largo, otros durmieron largas siestas creyendo que eso  los ayudaría a compensar las horas de sueño, y tres entusiastas -ya con el arnés puesto- salieron de viaje el día anterior.
Ya en "La Vigi” las cosas se fueron poniendo movidas…
“A darlo todo”, “hoy te convertís en héroe o héroa” fueron las frases repetidas por Ariel para incentivar la moral del grupo. La realidad es que la motivación empezó varias semanas antes, allá por fines de febrero y principios de marzo, cuando cada uno de los chicos del Club transmitió esta idea de que la vida en la naturaleza y el contacto con la piedra y la montaña son, precisamente, una forma de vida. Luego llegaron las cuestiones operativas, los horarios, los autos, el equipo... Pero en la esencia de eso, una linda filosofía: hacer lo que te gusta, disfrutarlo, escalar y ponerle buena onda.
Ese empuje, la coordinación y la obse con los detalles, fueron sin dudas el motor de la salida: “A las nueve puntual”, “no es que quiera sonar repetitivo, pero ya tienen todo listo? Son las 9.03”, y "tiene que volver todo el equipo que subimos", fueron sólo algunas de las frases más escuchadas...
Alrededor de las 9 ya estábamos todos en el refugio de "La Vigi", luego de varias horas de viaje, y después de organizar el equipo en las mochilas y tras una cansadora caminata, a las 10:30 llegamos todos reventados a las primeras paredes para hacer honor a la frase del instructor y “darlo todo!”. Ahí arrancó el baile: “Ahora por dónde voy Martín?”, gritaban los entusiastas proyectos de escalador agarrados con uñas y dientes de la pared… “Seguí para arriba” podía escucharse el aliento -casi- “desconcertante” de Martín. En determinado momento hasta se lo escuchó arrojar fuertes declaraciones: “Agárrate con rabia, pensá en Aníbal Fernández”, gritó para ayudar a una de las chicas a dar ese paso que parecía imposible de alcanzar.
Las horas pasaban, el calor apretaba cada vez más y al grito de “vamos Titán”, Ariel intentaba dar aliento a algún valiente que seguía subiendo mientras el resto buscaba una sombrita para hacer la siesta después del almuerzo.  Las puteadas limpias y claritas completaban el marco perfecto para la escena cada vez que alguien alcanzaba un objetivo. Y eran más fuertes aún cuando alguien no lo alcanzaba.
Calladito y sin apuro, casi pasando desapercibido, Lucas se calzó las topper y arrancó a subir de manera pausada, y cuando te querías acordar, el tipo ya había equipado las vías más complicadas; uno de los claros merecedores del “piolín de oro”.
Algunos momentos memorables del finde no pueden dejar de ser mencionados: Cristian haciendo despliegue de su gran técnica escalando en ojotas ante la mirada atónita de quienes pensábamos “yo me quedé pegado a la primera chapa y el pibe sube en OJOTAS”;  el Mono en una pelea a pura garra para vencer a ese techo tremendo al que varios le dedicamos un par de improperios; el sentido de oportunidad de Andrés con esos mates salvadores en el momento preciso; el dúo dinámico de José y Santiago metiéndole garra a la piedra.
Llegaba la tarde, aparecía el cansancio y la cosa se empezaba a poner monotemática: “El asado que nos vamos a clavar esta noche… con vino, birra y fernet”; y ahí  el ánimo del equipo de escalada revivía, pero esta vez para bajar a toda marcha y reunirse en torno a la parrilla. Y ahí llegó el momento estelar de Chambri, el “asador asignado”.
Kilos y kilos de carne puestos a la parrilla, lo llevaron a Matías a repetir incansablemente –inclusive hasta en el viaje de regreso- “gracias Chambri por el asado, te debo la vida”.
La crónica nocturna la completan imágenes imposibles de borrar como Ariel con su frondoza barba tomando fernet de la base un botellón de agua que se convirtió en la jarra comunitaria del grupo; Matías entonando canciones melódicas de cantautores que por benevolencia (cosa rara en un periodista) no voy a mencionar; Tomás hablando de las “tetitas de las ballenas que amamantan” (esa me la perdí, lo juro, pero quiero pensar que fue en medio de un momento de alcohol); Berenice intentando no escuchar ciertas charlas escatológicas;  Lucas aferrándose a su carpa que casi era arrastrada por el viento en la mitad de la noche o Quetu saliendo a estaquearla para que no se le volara… Mientras tanto Martín optaba por vivaquear en su bolsa de dormir para no escuchar los ronquidos de algún sujeto que habitaba en el domo.
La jarra loca se recargó varias veces (algunos decían que estaba pinchada), los vinos se iban terminando y Miriam hacía duras declaraciones diciendo que su vaso era el que estaba pinchado… las cervezas bajaban rapidísimo (inclusive la que pagó el Mono por haber usado la famosa técnica de  “la rodilla escaladora”)  y los titanes de la roca se iban retirando a dormir con la panza repleta.
Al otro día las promesas de la escalada estaban literalmente “fisuradas”. Fuentes cercanas a los instructores del Caba, advierten que algunos tuvieron intenciones de armar nuevas rondas de Fernet, pero no precisaron a este medio si el plan pudo materializarse.
Lo cierto es que el segundo día de escalada empezó con algunos resultados pobres: el Mono, Chambri y Santo hicieron circular rumores de que abrirían el CAABA (Club Andino de ASEGURADORES de Buenos Aires) a causa de sus grandes dotes como aseguradores (o de sus pobres desempeños trepando ese día); algunos –según se lo podía escuchar a Cristian- estaban haciendo un curso de trepada de árboles; Flor se aferraba a la roca tratando de sacar el siguiente paso para seguir subiendo al grito de “no, no me bajes”;  otros nos comprábamos un pedazo de pared de la sierra intentando entender la teoría del “factor de caída”, mientras Helena registraba con su cámara el minuto a minuto de las caras de pánico de los escaladores que pedían a los gritos “tensión” … Mientras tanto, Lucas, calladito, se iba a equipar una vía de titanes agradeciendo sus nuevas fuerzas a un Ibupirac que se había tomado… media hora después, Flor seguía empecinada en sacar ese paso, mientras Agus la alentaba intensamente desde abajo.
El fin de semana de “Titanes” fue un lujo donde DARLO TODO y escalar eran las consignas, pero no faltaron las risas, el asado y la buena compañía. Se vienen, sin dudas, muchas salidas más. Nos vemos en “la pale”.










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