lunes, 16 de marzo de 2015

Tenaun y el mar

Tenaun es un pueblo muy pequeño y humilde que vive de la pesca. Las playas no son de arena sino que de piedra tipo canto rodado y la marea sube y baja radicalmente dos veces al día. Eran las doce y la noche estaba muy oscura y fría, se podían contemplar las estrellas perfectamente porque no había ningún artefacto lumínico por muchos kilómetros a la redonda. Con linternas frontales alumbramos el camino y allí nos sentamos, en los bordes del bote a remo de Don Héctor que, como la marea estaba aún baja, se encontraba encallado en la costa.
El color del mar era increíblemente oscuro, parecía lustrado y se reflejaban en el horizonte las luces de los barcos pesqueros.  En el profundo silencio de la noche, junto con la soledad venían las brisas húmedas con un leve olor a algas marinas. Se escuchaba el suave saludo del agua sobre las piedras de la costa, casi imperceptible, en este lugar el Pacifico le hace honor a su nombre; y se escuchaba también el ruido de los motores de los barcos a lo lejos, como contándonos de que se trata la vida en alta mar, constante, adormecedor, hermoso.
Allí entendí para siempre que nunca lo olvidaría. 

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