lunes, 16 de marzo de 2015

Introducción a Tenaùn

Caminando por las calles de Castro, Isla de Chiloé, República alargada de Chile, detengo a dos jóvenes con aspecto de mochileros que vagaban por la avenida principal -‘Disculpen,  ¿Tienen idea donde queda el camping?’- Yo tenía que llegar a un camping específico, me encontraba ahí con un amigo que había conocido días atrás. 
-‘No, pero también estamos buscando un camping asique vamos con vos.'- Dijeron. Llegamos al camping de noche, me encuentro con mi amigo y vamos a un bar a encontrarme con otra amiga que había hecho en el viaje. En el patio del bar quedaban restos de curanto al hoyo, comida típica de la zona, y buscando las cholgas aún calientes dos chicos de aspecto guardaparquesco. Efectivamente, eran  guardaparques. Uno de ellos comenta que al día siguiente iban a Tenaùn, ciudad más al norte de la isla, y yo tome su teléfono ‘’por si llegamos a ir’’. No pensé que realmente lo haría. 
Nos levantamos al día siguiente, eran como las once y media de la mañana, a las doce salió el micro.
Llegamos, un pueblo sin otra cosa que magia. Caminamos mil detestables metros por la playa con las mochilas hasta llegar a un camping. ¿Para que queríamos un camping si teníamos kilómetros de playa despoblada? Está bien, pero este era el camping de Don Héctor y así como era su camping era el camping más lindo que vi en mi vida. No había nadie, excepto nosotros cinco y Don Héctor que llego un poco más tarde con su bote a remo.

Pasamos ahí dos días, la primera noche fue muy fría. Después de que se apagara el clásico fogón donde cocinamos salchichas alemanas decidimos ir a ver el mar. Caminamos dos metros y ahí estábamos, mirando al mar… momento que describo en el siguiente texto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario